CatholicTV is a 24/7 television network that broadcasts local and national religious programming and live events for the Catholic church in America.
Today is

"Una Familia en la Fe": Una Carta Pastoral con motivo del 50 Aniversario de la Diócesis de Bridgeport

Presione aquí para el calendario al día para el Jubileo de las Bodas de Oro.
Cada parroquia tiene un Coordinador del Jubileo
para publicar los eventos y provener información.

 

Por SU EXCELENCIA REVERENDÍSIMA MONSEÑOR WILLIAM E. LORI, S.T.D.,
OBISPO DE BRIDGEPORT

Miércoles de Ceniza, Marzo 5, 2003

Hace cincuenta años, el 2 de Diciembre de 1953, un tren se dirigió hacia la estación de Bridgeport. Cuando el Obispo Lawrence J. Shehan, el primer Obispo de Bridgeport, se bajó del tren, fue recibido por una multitud de 3,000 personas provenientes de la ciudad de Bridgeport y de cada rincón del Condado de fairfield. Fue recibido, no por un gentío, sino por una familia de fe - una nueva familia de fe conocida como la Diócesis de Bridgeport.

Algunos de ustedes estaban allí para la llegada del Obispo Shehan. Me ha encantado poder escuchar las historias de testigos oculares: representantes de las parroquias, estudiantes de Escuelas Católicas, servidores del altar, sacerdotes y religiosos, o simplemente observadores. Ustedes son parte de la memoria viviente de esta familia de fe que hoy está formada por más de 370,000 Católicos servidos por 87 parroquias, numerosas escuelas Católicas, residencias de ancianos, una gran red de servicios sociales Católicos, y mucho más. Ustedes son parte de una familia que incluye una tremenda diversidad de lenguas , grupos étnicos y razas. Sean Ustedes miembros de la Diócesis de toda la vida, o bien, como yo, alguien que acaba de llegar, todos tenemos un aniversario que celebrar - el cincuenta aniversario de la Diócesis de Bridgeport. Y lo vamos a celebrar con un maravilloso calendario de eventos, organizados por un Comité del Jubileo verdaderamente dedicado, y que representa las diferentes áreas y vocaciones de nuestra Diócesis.

Me parece a mí que todos los aniversarios son evidentes por sí mismos. Por ejemplo, cuando una pareja celebra sus bodas de oro matrimoniales, todos sabemos que están celebrando las alegrías, las tristezas, y los retos de 50 años de vida matrimonial. Sin embargo, tal vez no esté claro para todos el por qué nosotros estamos celebrando. Después de todo, ¿qué es realmente una "diócesis"? ¿De dónde viene la palabra y qué significa? ¿Qué significa para ustedes y para mí ser parte de una diócesis? ¿Y cómo se relaciona una diócesis con el resto de la Iglesia Universal, y con la comunidad en general?

La idea detrás de esta carta pastoral es que, si vamos a celebrar bien, deberíamos tener claro qué y cómo vamos a celebrar. Por eso, quisiera tomar esta oportunidad para compartir con Ustedes algunas reflexiones sobre nuestra identidad y misión como diócesis, y sobre la celebración del 50 aniversario que se ha planificado.

Una Diócesis es más un "Quién" que un "Qué"

Vamos a comenzar con la palabra misma - "diócesis." Un diccionario la define como "el distrito bajo la jurisdicción de un obispo" (en mi caso, es el Condado de Fairfield). Esta definición básica está bien -en lo que dice- pero no dice todo lo que es! Por eso vamos a penetrar un poco más profundo. En realidad la palabra "diócesis" viene de la palabra griega dioikesis, y uno de los posibles significados sería "mantener la casa" o, aún mejor, "habitar la casa." Entonces una diócesis podría haber sido pensada como una familia que vive en la casa de la fe. Ustedes y yo somos parte de una familia de fe muy diversa que se extiende a través de 700 millas cuadradas y que vive junta en la familia que es la Iglesia Católica Romana.

Como miembros de esta familia diocesana de fe, Ustedes y yo sabemos que somos parte de una familia más amplia. En cada Misa oramos en unión con el Santo Padre, con la Iglesia extendida por todo el mundo, con los santos y los ángeles, y con todos los que han muerto. Claramente una diócesis y una parroquia no son algo aislado. Son parte de algo más grande - de una forma única.

Desafortunadamente, con frecuencia se considera las diócesis como unidades administrativas de la Iglesia Universal - algo así como divisiones dentro de una corporación multinacional. Pero, una vez más, esa descripción no es completa. ¡Lo que es único sobre la Iglesia es que en cada diócesis está presente toda la Iglesia! Una diócesis es una manifestación particular de la Iglesia universal.

En este momento usted puede estar pensando, "Espere un momento, Monseñor Lori, ¿cómo puede estar presente la Iglesia universal aquí mismo en el Condado de Fairfield? Volvamos a la comparación que hicimos de la diócesis con una familia. Como en una diócesis, una unidad familiar no se sostiene por sí misma. Cada familia es parte de una familia más amplia, más extensa. Familias extendidas pueden estar viviendo por todo el mundo. Incluyen miembros que están vivos y muertos. Sin embargo, cuando una parte especial de esa familia se reúne, de alguna forma toda la familia está presente. Aún aquellos que no han podido venir, o aquellos que han muerto, están de alguna forma presentes. Después de todo, toda la familia está ligada por vínculos de sangre, matrimonio, rasgos comunes, y experiencias y memorias compartidas.

Los lazos que nos unen en la Iglesia son más reales que los lazos familiares. Esos lazos son mucho más profundos que nuestros propios deseos o nuestra disponibilidad para participar en la vida de la Iglesia. Lo que realmente nos une es el amor redentor de Cristo a su Iglesia, revelado en su muerte y resurrección, y comunicado por la fuerza del Espíritu Santo, más especialmente en la celebración de la Eucaristía. Al contrario de nuestro amor, el amor de Cristo no conoce límites. Abarca a todo el mundo. Sólo el amor de Dios puede engendrar y mantener una familia de tal magnitud y diversidad, fundada en los apóstoles y fortalecida con Sus dones de unidad, santidad, y universalidad. Solo el amor de Dios puede hacer que toda la Iglesia universal esté presente en nuestra particular familia diocesana de fe. El mismo amor, hace de nuestra diócesis, la Diócesis de Bridgeport, una manifestación única de toda la Iglesia.

Esta es la razón por la cual escogimos como el lema de nuestro 50 aniversario "Una Familia en la Fe." . Después de todo, la diócesis más que una "cosa". Y es más que "justamente nosotros". Por el poder del amor de Cristo, somos una familia única enriquecida por el resto de la Iglesia y enriqueciendo al resto de la Iglesia. Por el poder de Su amor, podemos hablar no sólo acerca de "la Iglesia de Bridgeport", sino más bien sobre la "Iglesia que está en Bridgeport.

¿Quién es Quién en la Diócesis?

Si una diócesis es más un "quién" que un "qué," entonces es importante conocer "quién es quién." En otras palabras, ¿quién constituye la diócesis? ¿Quién es parte de esta Familia de Fe? ¡La respuesta a esa pregunta envuelve más que la simple lista del directorio de la diócesis!

En el centro de la Iglesia está una Persona - la Persona de Jesucristo, el Hijo Eterno del Padre, que se hizo hombre, predicó la Buena Noticia del amor del Padre, curó a los enfermos, y resucitó a los muertos. Fue el Padre el que llamó a la Iglesia a la existencia enviando a Su Hijo al mundo para compartir nuestra humanidad y redimirnos del pecado con Su vida, muerte y resurrección, y enviándonos al Espíritu Santo. Como el alma de la Iglesia, el Espíritu Santo hace a Cristo presente en la Iglesia - verdadera y penetrantemente presente - hasta el fin de los tiempos. Más aún, el Nuevo Testamento con frecuencia se refiere a la Iglesia como el verdadero Cuerpo de Cristo, tan estrechamente unida a El como los miembros de un cuerpo a su cabeza. La presencia de Cristo entre nosotros, por el poder del Espíritu, es la fuente de nuestra unidad como Una Familia en la Fe. Esta unidad o comunión es expresada o producida más completamente en la Eucaristía: "Participando realmente en el cuerpo del Señor y en el partir del Pan Eucarístico, entramos en comunión con El y entre unos y otros" (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 7).

Por tanto, como hemos visto, una diócesis es una manifestación particular de toda la Iglesia, podemos decir que, por el poder del Espíritu Santo, Cristo está en el corazón de esta Diócesis. El está verdadera y penetrantemente presente - presente en las Escrituras que proclamamos; presente cuando se ofrece el banquete de Su sacrificio; presente en el Santísimo Sacramento, reservado en el Sagrario; presente en el Sacramento de la Penitencia o Reconciliación, y en todos los sacramentos; presente en los sacerdotes y diáconos que nos sirven; presente en las mujeres y en los hombres consagrados que viven en castidad, pobreza y obediencia; presente en los laicos, hombres y mujeres que, representando todos los estamentos de la vida, forman la parte más grande de nuestra familia de fe.

Por el Bautismo comenzamos a ser miembros de la Iglesia. Pero el Bautismo no es una cuestión de apuntarse o pasar por una ceremonia de iniciación. Más bien, en el Bautismo, Ustedes y yo renacemos por el agua y el Espíritu Santo. El Bautismo nos cambia, en los más profundo de nuestro ser, borrando todo el pecado e implantando en nosotros la misma vida de Dios - Padre, Hijo, y Espíritu Santo. Por el Bautismo comenzamos a ser hijos e hijas adoptivos de Dios quienes, como el propio Hijo de Dios, podemos llamar a Dios Padre (ver Gálatas 4:6-7). Como resultado, el Padre puede ver y amar en nosotros lo que ve y ama en Su propio Hijo eterno, Jesucristo (Prefacio VII de los Domingos). La misma Persona que está en el corazón de la Iglesia está en el verdadero centro de nuestras vidas, habitando en lo profundo de nuestras almas. Al pertenecer a Cristo, nosotros somos miembros de Su cuerpo, la Iglesia. El Bautismo nos incorpora a la Iglesia, el Cuerpo de Cristo (Catecismo de la Iglesia Católica, 1267). Como miembros de Su Pueblo, la Iglesia, ya no nos pertenecemos a nosotros mismos "sino a Aquel que por nosotros murió y resucitó" (CIC 1268). En Cristo somos Una Familia en la Fe, profesando "un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo; un solo Dios y Padre de todos, que está por encima de todos, que actúa por todos y está en todos" (Ef. 4,5-6).

El Bautismo no representa sólo la entrada en la Iglesia; también nos equipa para poder vivir como seguidores de Cristo y como miembros de la Iglesia. El Bautismo nos comunica a cada uno de nosotros -clero, religiosos, laicos - una vocación personal a la santidad (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 40). Como miembros de un pueblo sacerdotal, somos llamados a participar en la misma vida de Dios, por encima de todo, a través de la celebración de la Eucaristía, y de todos los sacramentos, y a modelar nuestras vidas en las palabras y el ejemplo de Cristo y de Sus santos. Ciertamente, la cruz de nuestras vidas como Cristianos Católicos, es la celebración de la Misa del Domingo, la Eucaristía. Es de la Eucaristía de donde la Iglesia saca la vida y crece continuamente (Concilio Vaticano II Lumen Gentium, 26). Aquí es donde nos unimos más íntimamente a Cristo Resucitado y unos a otros. Aquí es de donde sacamos la inspiración y la fuerza para vivir como seguidores de Cristo. No asistir a la Eucaristía del Domingo no es una opción para aquella persona que se toma en serio su fe. (CIG 2181).

En el Bautismo se nos infunden también las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad que nos disponen, como miembros de la Iglesia, a vivir nuestras vidas en relación a la Santísima Trinidad (CIC 1813). Estas virtudes, que son la base de las virtudes morales, son "implantadas" en nosotros como una semilla, pero deben ser atendidas cuidadosamente para que crezcan hasta la madurez y produzcan fruto. Además, en el Bautismo se nos da el mandato no sólo de practicar la fe con fidelidad y amor, sino también de difundirla - participando en la vida y en la misión de la Iglesia. Finalmente, en el Bautismo se infunde la semilla de nuestras vocaciones.

Cuando somos bautizados, comenzamos a ser miembros de una comunidad parroquial y miembros de una diócesis. Pero, como la Iglesia universal está presente en cada diócesis, por el Bautismo somos unidos también a toda la Iglesia. Se nos da un "pasaporte" para una comunidad universal de creyentes, pasados y presentes, que representan cada lengua, cada cultura, y cada época de la historia. Se nos da acceso a la santidad de Cristo reflejada en los santos. Somos unidos los unos a los otros, y se nos encarga ayudarnos mutuamente en el camino de la verdad y del amor, en el camino de la salvación. Comenzamos a ser parte de la Iglesia, " fundada por Cristo como una comunidad de vida, de amor, y de verdad, puesta por El como instrumento de salvación para todos; como luz del mundo y sal de la tierra, enviados al mundo (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 9; ver también Juan Pablo II, Redentoris Missio, 9).

Es desde esa perspectiva desde donde Ustedes y yo necesitamos considerar las diferentes vocaciones que son parte de la vida de la Iglesia y cruciales para la vida de cada diócesis. Cada vocación es una vocación de servicio. Todos nosotros encontramos verdaderamente nuestra identidad, nuestra misión, y nuestra dignidad en la Iglesia cuando imitamos a Cristo que vino como quien que sirve. Las vocaciones en la vida de la Iglesia no son para "dar poder", para "poseer", o para "dar un título", sino más bien para abrazarse a Jesús "que se despojó de sí mismo y tomó la condición de esclavo" (Fil. 1:2). El Bautismo nos llama a vaciarnos de nosotros mismos para poder llenarnos del auténtico poder y autoridad -el poder de Cristo sobre el pecado y la muerte, y la autoridad enraizada en la verdad viviente de Jesucristo, comunicada en las Escrituras y en la enseñanza, el culto y el servicio de la Iglesia. Nadie de nosotros está por encima del Evangelio como llega a nosotros a través de la Iglesia. Cada uno de nosotros, desde el Papa hasta el recién bautizado, está llamado a abrazar y adherirse, con un corazón lleno de amor y de fe, a todo lo que la Iglesia cree y enseña (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 25).

El Santo Padre es el Pastor de la Iglesia Universal. Porque esta Diócesis es una manifestación particular de la Iglesia Universal, nosotros, como sus miembros, podemos afirmar con propiedad que el Papa Juan Pablo II es nuestro pastor. En la Misa rezamos "en unión con nuestro Padre, el Papa, Juan Pablo II.". Afirmamos que es el Sucesor de Pedro, Vicario de Cristo y cabeza visible de toda la Iglesia, tanto del Colegio de los Obispos como de la comunión de todos los fieles (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 18,23). En unión con el Santo Padre, los obispos del mundo, que han tomado "por institución divina el lugar de los apóstoles como Pastores de la Iglesia" (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 20), pastorean el Pueblo de Dios en la misma persona de Cristo, Cabeza de la Iglesia. Todos nosotros estamos unidos al Santo Padre y a los obispos en una comunión de verdad, de vida, y de amor. Por esa razón estamos llamados a abrir nuestras mentes y nuestros corazones a las enseñanzas y a la dirección que ellos dan a toda la Iglesia como verdaderos maestros, "revestidos con la autoridad de Cristo (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 25). Nos hacemos un mal servicio a nosotros y a los demás cuando nos apoyamos en interpretaciones que no reflejan la verdad, la belleza, y la coherencia de lo que la Iglesia enseña.

Como su obispo, estoy llamado a ser el pastor de la Iglesia particular "que está en Bridgeport". Soy privilegiado al poder construir sobre los fundamentos sólidos de fe, culto, y servicio establecidos por la Archidiócesis de Hartford y después por los tres primeros Obispos de Bridgeport, el Cardenal Shehan, el Obispo Curtis, y el Cardenal Egan. Indigno como soy, he sido llamado a estar entre los sucesores de los apóstoles. Es mi responsabilidad servir como "la fuente visible y el fundamento de la unidad" para esta Una Familia de Fe ( Concilio Vaticano II. Lumen Gentium, 23). Se me ha encargado la misión de predicar el Evangelio como nos llega a nosotros a través de la Iglesia - sin diluirlo, distorsionarlo, o comprometerlo (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 25). Estoy llamado a servir como el instrumento de Dios para engendrar santidad auténtica en los individuos y en las comunidades que forman la Diócesis de Bridgeport, promoviendo la vida sacramental y litúrgica de la Iglesia, de una forma especial la celebración de la Eucaristía (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 26). Estoy también llamado a gobernar y a guiar la Iglesia para que los dones sean usados para la gloria del nombre de Dios y para al progreso de la misión de la Iglesia (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 27). Y, como su obispo, formo parte del Colegio Episcopal, responsable de promover y guardar la unidad de la fe de la Iglesia, y de mantener la disciplina de la Iglesia a través de todo el mundo (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 23).

En todo esto, no estoy sólo. Mi ministerio es ejercido en íntima unión con el Santo Padre y con los obispos de todo el mundo. Es ejercido en unión con los sacerdotes y diáconos, ordenados para cooperar conmigo en la predicación del Evangelio, en la celebración de los misterios de Cristo y en la dirección de la Iglesia en servicio y amor (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 28). Dependo de mis hermanos sacerdotes y diáconos para poder dirigir y servir las 87 comunidades parroquiales que son el corazón y el alma de nuestra familia de fe, culto, y servicio. Los religiosos consagrados también trabajan unidos a mí de una manera única y vital, tanto con su generosa labor apostólica, como, sobre todo, por su profesión de testigos de Jesucristo.

Pero también ejerzo mi misión y ministerio en unión con los laicos. Por encima de todo, el laico está llamado a llevar el Evangelio de Cristo al mundo, a ser testigo de Cristo en su vida de cada día por medio de su palabra y de su ejemplo. Ciertamente , el mandato y la responsabilidad más urgente de la Iglesia es llevar el Evangelio de Cristo al mundo, incluyendo cada rincón del Condado de Fairfield. A esto se le llama "evangelización" y es una misión que nosotros compartimos. De todos formas, los laicos ocupan un papel crucial en esta misión creando familias fuertes y llenas de amor, fundamentadas en el amor entre el marido y la mujer, y en este amor los hijos crecen y se desarrollan de acuerdo al plan de Dios. Los laicos con frecuencia llegan a aquellos lugares a donde los sacerdotes y religiosos no pueden llegar - a las oficinas de negocios, a las clases y a las fábricas; a los estamentos de gobierno, y a los centros de donde emanan las noticias y las industrias del entretenimiento y la diversión.

De una forma o de otra, Ustedes y yo ayudamos a formar la cultura en la cual vivimos. Con la verdad y el amor redentor de Cristo, Ustedes, como miembros del laicado, son llamado de una forma particular a evangelizar la cultura, a crear con la palabra y el ejemplo una cultura más digna de la persona humana; son llamados a compartir la vida de Dios (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 35,36). ¡Por favor, no desestimen el papel de ser testigos del Evangelio! San Francisco de Asís solía decir, "Prediquen siempre. Cuando sea necesario, usen las palabras." Su manera de vivir, su conocimiento y amor a la fe Católica, su disponibilidad para hablar acerca de la fe y defenderla, su espíritu de amoroso servicio - todo esto ayuda y atrae a aquellos que abandonaron la práctica de la fe o están buscando una casa espiritual.

Muchos miembros del laicado extienden el ministerio del obispo a la Iglesia sirviendo como profesores, catequistas, administradores, trabajadores sociales y o en otras muchas funciones. Otros sirven como miembros de corporaciones en la parroquia, o como miembros de consejos parroquiales y juntas que ayudan a dirigir los programas y la administración en la Diócesis (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 37). Actualmente se ha organizado un consejo pastoral diocesano, nuevo y revitalizado, un consejo que estará formado principalmente por mujeres y hombres laicos, un consejo que va a reflejar lo que es nuestra Una Familia en la Fe.

Para entender cómo vamos a trabajar juntos en la Iglesia, volvamos a centrarnos en la comparación de la Iglesia con una familia. Cada miembro comparte la vida de la familia y cada uno tiene distintas responsabilidades dentro del círculo familiar. Familias saludables tratan que los diferentes miembros se ayuden unos a otros con honestidad y amor. Tratan de eliminar la competición enfermiza donde un miembro trate de subir a consta de los otros. Algo similar debería ocurrir dentro de la Iglesia. Las diferentes vocaciones en la Iglesia no deberían competir unas con otras , sino más bien apoyarse y sostenerse mutuamente. Por ejemplo, el envolvimiento de los laicos ni debe ni debería depender o disminuir el papel de los obispos, sacerdotes y diáconos. Aquellos sacerdotes y diáconos que son santos y funcionan bien tienen como su misión en la vida ser testigos del Evangelio para arrastrar a los hombres y mujeres laicos hacia el amor redentor de Cristo, y ayudarles a participar en la santidad y en la misión de la Iglesia. De la misma forma, los laicos ayudan a los obispos, a los sacerdotes y a los diáconos a ser quienes son - a tener profunda integridad y santidad de vida en el fiel ejercicio de su ministerio. Un laicado sano debería desear tener obispos, sacerdotes y diáconos fuertes y trabajar intensamente para promover vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. Un episcopado, presbiterado y diaconado sano debería buscar la santidad y una más activa participación de los laicos en la vida de la Iglesia. Ambos, el ordenado y el laico, deberían fijarse en los que viven dentro de la vida consagrada (religiosas, hermanos y sacerdotes) y tenerlos como modelos de aquella última santidad a la cual todos estamos llamados.

Las familias tienen Tristezas, Desacuerdos, y Problemas

Cada familia tiene tristezas, desacuerdos, y problemas. Nuestra familia diocesana de fe no es una excepción. Somos parte de una Iglesia dotada de la santidad de Cristo pero formada por pecadores. Como cada familia atravesamos momentos buenos y momentos malos, salud y enfermedad. Y como en cada familia, a veces experimentamos desacuerdos y discordia.

Actualmente la Iglesia en los Estados Unidos, incluyendo nuestra propia familia diocesana de fe, está atravesando por unos momentos de tremendos desafíos. Es un tiempo de tristeza y desánimo. La Iglesia en los Estados Unidos tiene que enfrentarse al comportamiento destructivo y escandaloso por parte de un pequeño número de obispos, sacerdotes y otros representantes de la Iglesia, y también a serios errores cometidos por los obispos al manejar el problema. Estos escándalos han despertado sentimientos profundos en todos nosotros. A pesar de los esfuerzos por tratar cada alegación de una forma rápida, decisiva y justa, sentimos, no obstante, que, como comunidad local de fe, está necesitada de esperanza, perdón y sanación. Nos enfrentamos a una tarea larga de restaurar la confianza, y de recuperar a aquellos que se alejaron de nosotros en medio de la crisis.

A no ser que lo hayamos olvidado, todos nosotros, en esta familia de fe sabemos lo que es la debilidad humana. Lo experimentamos constantemente en nosotros y en nuestras familias. Nos enfrentamos a una gama de dificultades incluyendo problemas matrimoniales, abuso por parte de los cónyuges, retos financieros, abuso de drogas y alcohol, y muchos otros problemas. Los jóvenes, que son una parte importante de nuestra familia de fe se enfrentas a retos que eran impensables cuando yo crecía. Por eso, al igual que San Pablo, caemos en la cuenta que llevamos el gran tesoro de Cristo y de su amor en vasos de barro - en nuestra frágil humanidad. ¡Con qué fervor deberíamos pedir que Su gracia y su amor penetren en nosotros y nos transformen!

Cualquier familia sana sabe que, cuando la tragedia golpea, lo mejor es encarar los problemas de frente. Una familia saludable se centra no sólo en el problema, sino también en sus causas. Toma precauciones para asegurarse de que los problemas no minen o destruyan la familia, mientras se está enfrentando a la situación. Lo mismo ocurre con la familia diocesana de la fe. Con la gracia de Cristo Jesús y la ayuda de muchos sacerdotes, diáconos, religiosos y miembros del laicado verdaderamente dedicados -y con su ayuda- estoy haciendo lo mejor para que nadie al servicio de la iglesia sea un peligro para los niños y los jóvenes o, de hecho, para cualquier persona. Con la ayuda de Dios y de muchas personas, estoy trabajando para crear "un ambiente de familia" donde nos podamos relacionar unos con otros de una forma saludable y amorosa, fundamentada en la verdad que nos une. Familias saludables perdonan de corazón, pero, al mismo tiempo, dan pasos para que la familia que ofende no continúe haciendo daño. Tiene que ser así también entre nosotros. Necesitamos perdonar al que hizo el daño, pero poner todos los medios para que no continúe haciendo más daño a otros. Como una familia de fe, debemos continuar buscando y ayudando a los personas que han sido víctimas de daños causados por un comportamiento destructivo. Sobre todo, con sus oraciones, estímulo, y participación, estoy trabajando para garantizar que todos los que trabajan al servicio de la Iglesia -sacerdotes, diáconos, y los que sirven en ministerios laicos- estén bien formados como seres humanos y servidores del Evangelio.

Y aún cuando celebramos nuestra diversidad como una familia de fe, debemos protegernos contra una diversidad destructiva - una tendencia a sustituir las propias opiniones y estilos de vida por la fe recibida y la disciplina de la Iglesia. Esta tendencia crea divisiones que debilitan la solidaridad que debe existir entre los miembros de la Iglesia, y resta esa energía tan necesaria para cumplir la misión esencial de la Iglesia, que es proclamar la fe, dar culto en espíritu y verdad, y servir a los que están en necesidad. Como una familia que regresa a sus obligaciones tradicionales y valores en tiempos de crisis, así también esta Diócesis debe renovarse y fortalecerse en el único fundamente del Evangelio de Cristo como nos llega nosotros en la doctrina de la santa Iglesia Católica. Ahora no es el tiempo para huir de profesar nuestra fe con valentía, con entereza y con alegría. Ahora no es el tiempo para promover opiniones o agendas en discrepancia con las enseñanzas y la disciplina de la Iglesia.

Deseamos caminar hacia adelante con integridad y amor. Nuestra esperanza para hacerlo está bien fundada - no porque nuestra familia de fe va ser siempre perfecta (somos pecadores proyectados a ser santos), sino más bien porque el Señor permanece con nosotros, nos dota con Su santidad, y nunca nos abandona. En Su sabiduría y amor, el Señor puede sacar bien del más inimaginable de los males. ¡Si nos unimos fiándonos del Señor, podemos alimentar la esperanza de crecer más fuertes y más santos, como una familia de fe!

La Misión y los Medios

Gracias a Dios, no somos una familia que está sola! En Cristo somos, de verdad, Una Familia en la Fe. La Iglesia tiene la verdad del Evangelio y la santidad ganada para nosotros por la muerte y resurrección de Jesús. Se nos ha dado el Espíritu que nos une en el conocimiento del Señor, en la aceptación y el testimonio del Evangelio. Vivimos en un tiempo y en un lugar donde la Iglesia está bendecida con buenos sacerdotes y diáconos, con un número extraordinario de excelentes candidatos al sacerdocio (los seminaristas) y al diaconado, con religiosos dedicados y entregados, y con laicos llenos de talento y generosidad, que apoyan y ayudan, de innuemerables formas, en la misión de la Iglesia.

Estamos bendecidos con 33 escuelas elementales, una academia de educación especial, 5 escuelas de enseñanza superior, así como varias escuelas privadas que educan cerca de 14,000 jóvenes cada año. En la ciudad de Bridgeport , en la escuela superior Kolbe-Cathedral, la única escuela superior en zona urbana en Connecticut, el 96% de los estudiantes graduados pasan a la universidad; las cinco escuelas superiores, comprometidas totalmente con la enseñanza de la Fe Católica, gozan de un éxito académico y atlético envidiable, unido a un maravilloso espíritu de servicio a la comunidad. Tenemos aproximadamente 3,260 catequistas enseñando en los programas de educación Católica de las parroquias, sirviendo unos 23,000 jóvenes. Caridades Católicas en el Condado de Fairfield es la agencia no gubernamental de servicios sociales más grande, con 26 servicios locales en el condado. El pasado año, solamente, Caridades Católicas sirvió 500,000 comidas a los necesitados. Nuestra familia de fe está enriquecida con las Hijas de la Caridad que patrocinan el Hospital de San Vicente (Saint Vincent´s Medical Center) el cual sirve a 175,000 pacientes al año. Nuestra diócesis mantiene tres residencias de ancianos bien organizadas (Saint Joseph´s Manor, en Trumbull, St. Camilus, Stamford; Pope John Paul Health Center, en Danbury) y una excelente casa para sacerdotes retirados, Cathererine Dennis Keefe Queen of the Clergy Residence, en Stamford. Por todo el Condado de Fairfield las Casas del Obispo Curtis (Bishop Curtis Homes) proveen viviendas, tan necesarias, a precios asequibles. Gracias a la generosidad de la Orden de Malta, tenemos en Norwalk una casa para madres no casadas con hijos, llamada Malta House of Good Counsel. Tenemos dos maravillosos centros para los jóvenes de Bridgeport - Cardinal Shehan Center y McGivney Center; estos centros ayudan a los jóvenes a superarse en los estudios, en los deportes, y en su relación con los otros. En la residencia-seminario, Saint John Fisher, en Stamford, 12 de nuestros 30 seminaristas reciben el inicio de su formación sacerdotal, y otros muchos jóvenes atienden otras actividades ordenadas a ayudarles a descubrir si son llamado al sacerdocio.

Nuestra familia diocesana de fe está también bendecida y enriquecida con la presencia de muchas comunidades religiosas de mujeres y hombres, que dan testimonio de Cristo por medio de sus vidas consagradas, y que están envueltos en maravillosos ministerios y apostolados. Muchas han estado sirviendo a la diócesis desde los primeros años, o aún desde antes. Otras han llegado recientemente, y otras más probablemente vendrán a servir en un futuro próximo. La Diócesis dará la bienvenida en el próximo otoño a las Hermanas Siervas del Señor y de la Virgen de Matera, que van a trabajar sirviendo en la parroquia de San Jorge, en el Sur de Bridgeport, juntamente con los sacerdotes del Instituto del Verbo Encarnado, recientemente llegados a nuestra Diócesis.

Tal vez Ustedes han visto ya el anuncio del Jubileo que presenta las 87 parroquias de la Diócesis de Bridgeport. El anuncio nos explica por si sólo quiénes somos nosotros como una diócesis. Las parroquias son el lugar donde Ustedes y yo encontramos la Iglesia con más frecuencia. Yo visito las parroquias con la frecuencia que puedo - ¡es mi trabajo favorito! En esas visitas, he llegado a conocer algo acerca de la rica diversidad de la vida parroquial. Se celebran misas en 13 lenguas. Nuestras parroquias reflejan no sólo las lenguas, sino también las culturas de las Américas -Puerto Rico, Colombia, México, Cuba, Centroamérica y Sudamérica, Brasil, Haití, y la cultura Afro-americana. Las parroquias están enriquecidas con las lenguas y las tradiciones dea Europa Occidental, Europa Central y Europa del Este - Italia, Irlanda, Polonia, Portugal, Eslovaquia, y Eslovenia. Incluyen comunidades de inmigrantes recientemente llegados de Filipinas, Vietnam, China, Laos, Camboya y Corea. En la actualidad la Diócesis está expandiendo su ministerio a la comunidad Latina en "El Valle" (Naugatuck Valley) y en otras partes de Bridgeport.

Aunque la Diócesis es pequeña geográficamente, sin embargo son evidentes las diferencias regionales cuando uno viaje de Bridgeport a Danbury, de Greenwich a Shelton, de Trumbull a Stamford, de Sherman a Newtown. Estoy profundamente agradecido a los sacerdotes y diáconos que dirigen y sirven estas parroquias; su ministerio, al cual ellos entregan sus vidas, es absorbente y lleno de exigencias. Sé lo mucho que aman a sus parroquias, y cómo trabajan sin descansar para a hacerlas más fuertes.

Estas parroquias y los ministerios diocesanos son más que simple "productos" de la Diócesis. Ellos reflejan no solamente la generosidad financiera de ustedes, sino también su participación en la vida de la Iglesia. La participación reviste muchas formas diferentes. Comienza compartiendo la vida de la Trinidad con la Misa del Domingo, la recepción regular de los sacramentos, la la oración diaria, privada y en familia. Supone vivir virtuosamente la vocación personal, especialmente la vocación al matrimonio y a la familia. Requiere ser testigos cada día de la verdad y del amor de Cristo en la familia, en el trabajo y en la cultura. Supone también prestar los talentos personales y el tiempo al servicio de la misión de la Iglesia - por ejemplo formando parte de comités o juntas parroquiales o diocesanas, ayudando en los diferentes ministerios de la iglesia, como programas de educación religiosa, trabajo con los jóvenes, asistencia a los pobres, a los ancianos, a los enfermos y a los necesitados.

La participación incluye también la generosidad en compartir recursos con la Diócesis y con la parroquia, para que la misión espiritual, formativa, educadora y caritativa de la Iglesia continúe ahora y en el futuro.

Una Familia en la Fe Celebra Cincuenta Años

Han pasado cincuenta años desde que nuestra familia de la fe, la Diócesis de Bridgeport, comenzó. Este año son las Bodas de Oro no solamente de edificios o instituciones, sino de una familia de fe, una familia que es una manifestación particular de la Iglesia Universal, del Pueblo Santo de Dios. Celebramos nuestra unidad en Cristo y la diversidad que son un reflejo de la sabiduría y el amor divinos. Celebramos todo lo que la Iglesia que está en Bridgeport está consiguiendo en y para el reino de Dios. Celebramos esta Diócesis como Una Familia de Fe.

¿Cómo observaremos nosotros, como familia en la fe, nuestro 50 aniversario? Al comienzo de esta carta, les hablé de un extenso "calendario de eventos" preparado por el Comité Diocesano del Jubileo. Espero que todos veamos estos eventos como oportunidades de gracia para agradecer a Dios tantas bendiciones recibidas durante los pasados 50 años, y como una fuente de fuerza y renovación al comenzar nuestro viaje hacia el futuro. Este Jubileo, en la Providencia de Dios, nos da a todos la oportunidad para crecer en unidad y en santidad, y para renovar nuestra dedicación al servicio de la Iglesia en el Condado de Fairfield. Se nos da una oportunidad de gracia para reconstruir y renovar que lo ha sido dañado, y para purificarnos y fortalecer lo mejor que tenemos en nuestra vida de fe, de culto y de servicio. Aquí tenemos algunas de las formas de cómo haremos esto:

• Renovación y santidad exigen arrepentimiento. Comenzamos esta Cuaresma con servicios penitenciales en los cinco vicariatos de la Diócesis. Yo tendré el privilegio de presidir en cada uno de ellos.

• Nuestra unidad como familia de fe está centrada en Cristo Jesús, que murió y resucitó por nuestra salvación, y que se nos da a Sí mismo en la Eucaristía. Desde Pascua hasta Pentecostés, cada una de las 87 parroquias tendrá, al menos, un día completo de Adoración Eucarística.

• Nuestra unidad como familia de fe culturalmente diversa tiene que ser visible, para que podamos comunicarnos unos a otros la fuerza en Cristo, y así poder ser testigos de la vitalidad de nuestra fe. El Domingo, 28 de Septiembre,a las 3:00 p.m., tendrá lugar la solemne Misa del Jubileo Diocesano, en el Harbor Yard Arena, en Bridgeport. Una Misa que atraerá a más de 7,000 personas.

• La Catedral es la sede del Obispo y la Iglesia Madre de la Diócesis. En este momento, en la Catedral de San Agustín en Bridgeport, se están haciendo extensas renovaciones, y se volverá a dedicar el día 2 de Diciembre - cincuenta años después del mismo día en que el Obispo Shehan fue instalado como el Primer Obispo de Bridgeport.

• Nuestro aniversario coincide con el año que el Papa Juan Pablo II ha proclamado como el Año del Rosario. En Octubre, del 3 al 5, habrá una Peregrinación Diocesana a la Basílica de la Inmaculada Concepción, "Casa de María", en Washington, D.C.

• Celebramos la Diócesis como una familia en la fe. El Jubileo es una oportunidad para profundizar en nuestro conocimiento de y nuestro amor a la fe de la Iglesia. Se han programado una serie de conferencias a cargo de notables conferencistas. Además habrá una conferencia centrada en la visión de la Iglesia sobre la persona y la sexualidad humana.

• Como una familia de fe, estamos llamados a transmitir y propagar la fe. El 7 de Noviembre tendremos un Congreso de Formación Cristiana para educadores y maestros en las escuelas Católicas. Su Excelencia, Monseñor Donald Wuerl, Obispo de Pittsburg, será el conferencista principal.

• Los jóvenes son una parte vital de nuestra familia de fe. Ellos no son solamente el futuro de la Iglesia, sino una parte de lo que nosotros somos aquí y ahora. Nuestra celebración incluirá también una gran concentración juvenil, el día 4 de Mayo, como una forma de renovar y fortalecer el ministerio juvenil en nuestra Diócesis.

• Las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada son la sangre de vida para poder continuar la vitalidad y efectividad de esta Una Familia de Fe. El próximo año, en el Día Mundial de las Vocaciones, 2 de Mayo del 2004, celebraré una Misa diocesana especial para pedir que el Señor nos envíe abundancia de vocaciones al sacerdote, al diaconado y a la vida religiosa.

• Las personas de edad avanzada son una fuente constante de sabiduría y de fuerza para la Diócesis, aún cuando van decayendo físicamente. Para los ancianos y los enfermos graves de cualquier edad, la Diócesis y las parroquias celebrarán comunitariamente, en diferentes lugares, el Sacramento de la Unción de los Enfermos.

• Nuestra Diócesis, como se ha mencionado muchas veces, está bendecida con una maravillosa diversidad cultural y lingüística. Cada parroquia celebrará su propia herencia, invitará a una mayor participación en la misión de la Iglesia, y promoverá un plan de evangelización para poder llegar a aquellos que no están practicando su fe , o que están buscando una casa espiritual.

• Nuestra familia de fe considera un tesoro el regalo de la vida, y celebra el Evangelio de la Vida. El 22 de Enero, la Diócesis patrocinó el primer "Tren de la Vida" - un tren alquilado para asistir en Washington a la Marcha por la Vida. Repetiremos esta iniciativa en Enero del 2004.

• En Septiembre del 2002, los sacerdotes de la Diócesis de Bridgeport participaron en la primera Convocatoria. Durante el año continuaremos nuestra renovación espiritual, y buscaremos cómo fortalecernos unos a otros en Cristo Jesús por medio de días de retiro, ejercicios espirituales, pequeños grupos de oración, y la reunión de vicariatos.

Abajo de esta página encontrará el Calendario de eventos para el Jubileo. Para tener información al día, por favor póngase en contacto con el Coordinador del Jubileo de Oro en su parroquia, o consulte la página web diocesana.

Conclusión

Gracias por haber tomado su tiempo para leer esta carta. Es una alegría y un privilegio servirles a ustedes como su Pastor - como el pastor de esta Una Familia de Fe. Gracias por haber abierto sus corazones a la verdad y al amor de Cristo, y por su constante amor como miembros de Su Iglesia. Gracias por amar a la Iglesia, especialmente ahora cuando necesitamos demostrarle nuestro amor.

El Cardenal Avery Dulles ha escrito:

"En nuestro tiempo los Cristianos, y tal vez los Católicos más que los otros, están inquietos por el miedo a amar demasiado a la Iglesia. Encuentran difícil compartir el propio amor de Cristo por la Iglesia (Efe. 5,25) y aceptar la máxima de San Agustín, citada por el Concilio Vaticano II, de que ´uno posee el Espíritu Santo en la medida en que uno ama a la Iglesia de Cristo." (Avery Dulles, The Reshaping of Catholicism, p.152)

Que por las oraciones de la Santísima Virgen María y de San Agustín, patrono de nuestra diócesis, estemos unidos como Una Familia en la Fe, amando con todo el corazón a la Iglesia de Cristo, y participando de la misión de la Iglesia. ¡Que el Señor los bendiga y los mantenga siempre en su amor!


¡Celebre el Jubileo!

Presione aquí para el calendario al día, en ingles, para el Jubileo de las Bodas de Oro. Cada parroquia tiene un Coordinador del Jubileo para publicar los eventos y provener información.

¡Reserve estas fechas y únase a la celebración!

Servicios Penitenciales se ofrecerán en las 87 parroquias de la Diócesis de Bridgeport durante el tiempo de Cuaresma. Se han programado en cada Vicariato (región) de la Diócesis los siguientes Servicios Penitenciales, presididos por nuestro Obispo, Monseñor William Lori:

Martes, 11 de Marzo, a las 6 p.m., Parroquia de Santa María , Stamford

Miércoles, 19 de Marzo, a las 7:30 p.m., Parroquia de St. Philip, Norwalk

Martes, 25 de Marzo, a las 7:30 p.m., Parroquia de St. Patrick, Bridgeport

Martes, 1 de Abril, a las 7:30 p.m., Parroquia de Santa Teresa, en Trumbull

Martes, 8 de Abril, a las 7:30 p.m., Parroquia de San José, Brookfield

Adoración Eucarística será diaria, en forma rotativa, en las diferentes parroquias y escuelas Católicas, desde el Domingo de Pascual, 20 de Abril, hasta la Fiesta de Corpus Christi, Domingo 22 de Junio. Consulte la página web de la Diócesis, o contacte el lugar asignado para información sobre horarios.

Viernes, 2 de Mayo, a las 7:30 p.m. Sacred Heart University, Fairfield
Conferencia del Jubileo Conferencista
Monseñor Lorenzo Albacete
, de la Archidiócesis de Washington, hablará sobre "La Presencia Hispana en estados Unidos y sus implicaciones para la Iglesia Católica." Hablará en Español y en Inglés.

Domingo, 4 de Mayo, de 3 a 7p.m. Centro Católico, Bridgeport
Concentración Juvenil (Youth Rally)
Jóvenes de todas las partes de la Diócesis se unirán para celebrar la fe, la amistad y la diversión. El Padre Stan Fortuna, C.F.R., será parte en el evento.

Miércoles, 17 de Septiembre, a las 7:30 p.m. Parroquia de St. Michael the Archangel, Greenwich
Conferencia del Jubileo Conferencista
Su Eminencia, el Cardenal Avery Dulles.

Domingo, 28 de Septiembre, a las 3 p.m. Harbor Yard Arena, Bridgeport
Misa y Celebración del Jubileo de las Bodas de Oro
Será un evento para la familia, una celebración de la toda la comunidad de la Diócesis, y de todos los grupos culturales y étnicos representados en el Condado de Fairfield.

Viernes-Domingo, Octubre 3 al 5
Peregrinación Diocesana a la Basílica Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción, en Washington, D.C., presidida por nuestro Obispo, Monseñor William E. Lori.

Durante el mes de Octubre, 2003, la Celebración Comunitaria del Sacramento de la Unción de los Enfermos se llevará a cabos en nuestras tres residencias diocesanas para ancianos. Monseñor Lori será el celebrante. Se anima a cada parroquia para que tenga su propia celebración parroquial del sacramento.

Domingo, 26 de Octubre, a las 3 p.m. Parroquia de Santa María, Norwalk
Misa Respeto a la Vida

Viernes, 7 de Noviembre, Sacred Heart University, Fairfield
Congreso de Formación Cristiana
Monseñor Donald W. Wuerl, Obispo de Pittsburg, PA, será el conferencista principal.

Martes, 2 de Diciembre, a las 2 p.m., Catedral de San Agustín
Dedicación de la Catedral de San Agustín, en el 50 aniversario de la llegada del Primer Obispo de Bridgeport.

Para el año 2004:
El Amor Humano en el Plan Divino: Una Conferencia sobre "La Teología del Cuerpo" en las catequesis del Papa Juan Pablo II. Se anunciarán las fechas y el lugar.

 


Copyright 2010 • The Roman Catholic Diocese of Bridgeport • All Rights Reserved
Website Design by Magtype Computer Resources